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martes, 25 de octubre de 2016

El amor y ser feliz

Basta con mirar a nuestro alrededor para descubrir que el fin último de nuestros actos es ser felices. Descubrir la felicidad, y no el dinero, como otros muchos piensan.
Todo el consumo gira entorno a la felicidad, o más bien, de su "hermana pequeña": la satisfacción. De tener, de comer, de perfumarse... ¿Te gusta ese perfume?... date el gusto... te lo mereces... sé feliz... piensa en ti...

Todos queremos ser felices, y para ello intentamos alcanzar la felicidad con un buen trabajo, una casa, un buen coche, buenos amigos, y fundamentalmente alguien con quién compartir todas estas cosas.

Ser feliz ha sido siempre una preocupación, pero hoy en día es una verdadera obligación. ¿Cuándo se han visto tan llenas las consultas de los psicólogos como ahora?
Es curioso ver que cuánto más avanzado va un país aumentan los casos de infelicidad; o más bien, de insatisfacción.

El dinero ya sabemos que no garantiza nada; ¡cuántas personas conocemos que lo tienen TODO y no son felices!

Estamos hechos por amor y para el amor. ¡Es necesario amar para ser feliz!
¿Así de fácil? oye, pues, a enamorarse todo el mundo... Deberían hacer un anuncio en la tele que dijera: ¡¡Enamórese, por el módico precio de nada!!
Los más pesimistas estarán pensando en la otra cara de la moneda: el desamor.

Hacemos muchos sacrificios para obtener lo que queremos: noches sin dormir en época de exámenes, mejorar un currículo, lograr un buen trabajo, conseguir un cuerpo diez (hambre, gimnasio, quirófano, pastillas...) ¡una verdadera tortura! Pero, ¿qué estamos dispuestos a hacer por amor? ¿es que ya no se lleva enamorarse de verdad?
Desde aquí reivindico el derecho al amor verdadero, el desinteresado, el pasional, apasionado.. al "fueron felices y comieron perdices". Aunque al encender la tele no veamos nada que se le parezca, no significa que no exista, que no quede gente que se quiera de verdad y mejore día a día para la persona amada.

No nos quedemos con esa visión cutre del amor que se nos presenta en los programas del corazón. ¡Pongamos el listón más alto! ¡Vale la pena! ¡Enamórate! Y si estás casado, mejor todavía, ¡reenamórate! Tengas la edad que tengas no disimules que estás enamorado.

Si de verdad te importa la felicidad lucha por mantener y hacer que crezca el amor. Porque si no se cuida, si no se quiere querer, el amor se pierde, se esfuma. Parece, pues, que amar implica esfuerzo, ya que su acto más propio es darse.

En un amor maduro encontramos mayor felicidad en dar que en recibir. Todos tenemos la experiencia de ser más felices cuando nos olvidamos de nosotros mismos. Parece que esto de enamorarse ya no es gratis. Hay que dar mucho, cosas que cuestan más que el dinero... ¡Pero vale la pena!
¡El que algo quiere algo le cuesta!

¿QUIERES SER FELIZ? Enamórate, reenamórate todos los días, pero de verdad.

¡Nos leemos muy pronto! ;) Muacks

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